Schiaretti y un 2020 entre el distanciamiento obligatorio y el delgado equilibrio

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En los pasillos de El Panal se niegan a hablar sobre la teoría de que se termina el año más difícil para el gobernador Juan Schiaretti. Y es el mismo rechazo que provoca entre los schiarettistas paladar negro cualquier análisis similar que se intente en algunos despachos de la Unicameral.

Lo cierto es que, más allá del deseo del comando de fieles al gobernador, el balance en el seno del oficialismo no es óptimo. Muy por el contrario: no ven las horas de llegar al brindis de fin de año y dar vuelta rápidamente la página para abrir el calendario 2021.
En el pasado, Schiaretti deja el 2020 de delgado equilibrio con la Nación, con idas y vueltas y una foto que Alberto Fernández no pudo -o no quiso- tener para sumar al álbum de los gobernadores. El arranque de la relación con Balcarce 50 fue frío, distante, lo que obligó a un discurso de austeridad y alejado de la teoría insular. “Córdoba cumple con sus compromisos” y “Córdoba no es una isla”, fueron las dos frases que repitió el mandatario provincial en la Unicameral en su discurso de asunción y en la apertura del período ordinario de sesiones, en diciembre y febrero, respectivamente.

Ese distanciamiento obligatorio en la primera parte del año tuvo su réplica también en la Legislatura porque, con las diferencias a la hora de los recortes en el comienzo de la pandemia, impulsó desde el Ejecutivo un ajuste salarial que alcanzó a legisladores y también a funcionarios municipales. Atendiendo una demanda que Nación, en sus tres poderes, prefirió desoír.

Ese ajuste trajo una tijera que alcanzó las jubilaciones cuyo debate, en el pico de la cuarentena, le impidió a los gremios mostrar musculatura en las calles de la ciudad.

Fotos no, gestos sí

Si bien las imágenes con los funcionarios nacionales orbitaron siempre a Alberto F. -el preferido del Panal este 2020 fue el ministro del Interior, Wado de Pedro- esa escasez fue contrarrestada por los gestos en el Congreso. Sacando un debate por Vicentin que finalmente nunca llegó al Congreso, o la discutida agenda judicial de Cristina, en el resto, el schiarettismo acompañó.

Y el ejemplo más reciente fue la media sanción que le faltaba a la reforma jubilatoria en Diputados y eso se aprobó esta semana.
El diálogo en la Cámara baja entre el jefe del bloque Córdoba Federal, Carlos Gutiérrez, y los oficialistas y Máximo Kirchner trajo buenos resultados, al punto que algunos funcionarios nacionales llegaron a ‘quejarse’ de ‘lo caro’ que le salía al FdT el apoyo de Schiaretti.

Vuelta al frío

Paradójicamente, cuando diciembre debería predisponer al calor, el congelamiento y las miradas de reojo entre albertistas, cristinistas y schiarettistas amenaza con volver. Y hacerlo en pleno carreteo rumbo al 2021 de elecciones legislativas.

Como se dijo en Perfil Córdoba hace dos semanas, el gobernador está observando, sigilosamente, cómo se desenvuelve la relación Alberto-Cristina. Sabe que si el amigo crece, las esquirlas van a afectar a propios y extraños. Por lo tanto, hay que mirar de afuera.
A esto, fiel a su estilo, suma encuestas y ve que el kirchnerismo se mantiene en los mismos indicadores de siempre en Córdoba. Y que, además, el albertismo que aún luce incipiente, no logra despegarse de su marca de origen cuyo branding administra CFK.

Entonces, camina y amaga con otro capítulo de cordobesismo en las Legislativas 2021. “No se pega al kirchnerismo, no entrega la marca, sostiene el alambrado y mira cómo se nacionaliza la cosa entre Macri y Cristina” soltó alquien que habla a diario con el gobernador.
¿Ganar? No es el desafío. El objetivo es sostener lo propio y observar cuán urgidos se muestran los sucesores 2023. Del año próximo, lo que desvela a Schiaretti es ver cómo se van a mover los herederos y si correrán a otros brazos en diciembre del 2021.

El GPS en Capital y Gran Córdoba

La disputa del año próximo, como así también la del 2023, se define acá: en el centro de la provincia. Lo que explica la agenda conjunta del Panal y el Palacio 6 de Julio.

El impulso del ‘AMBA’ cordobés se corresponde con esto. Por lo tanto, el 2021 tendrá reforma de la orgánica municipal con una secretaría dedicada directamente a esta regionalización y funcionarios provinciales abocados a esa agenda de residuos, transporte y accesos. Todo eso para la regionalización que garantice tranquilidad en las urnas y un plazo fijo 2023. Con todos jugando.
En la vereda de enfrente, el PJ local sabe que es difícil el año que viene, pero respira tranquilo por el partido por los puntos que es en tres años. Mucho más, si la desconfianza sigue reinando en Juntos por el Cambio.

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