Pronostican que la presión fiscal en 2019 será mayor a la que dejó el kirchnerismo

El objetivo de la reforma era bajar la presión tributaria, algo que no se cumplirá. Los impuestos más distorsivos subirán al nivel de 2009.

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La Ley de Reforma Tributaria fue uno de los caballitos de batalla del macrismo que “vendió” a la sociedad en general y al sector privado y productivo en particular. Se aprobó a fines de diciembre del año pasado –como Ley 27430– y tenía un norte definido (y defendido y repetido por los funcionarios nacionales): reducir la presión tributaria y eliminar impuestos distorsivos para mejorar la y promover un reparto más equitativo de los recursos.

Su aplicación, así, debía ir de la mano de una serie de compromisos de reformas que también deben encarar provincias y municipios y que aún se debate en torno al Consenso Fiscal. Aunque hay cierto consenso en que la letra plasmada en la ley tiene sustentos teóricos y técnicos elogiables, la realidad es que su aplicación en la economía concreta está lejos de ser lo esperado: no se avanzó con algunas reformas claves, no se reglamentaron modificaciones, no se eliminaron impuestos distorsivos y se volvieron a lanzar tributos que tenían fecha de caducidad.

La crisis de emergencia económica que atraviesa la administración Macri obligó a ralentizar muchos de esos cambios hasta el punto de alterar el core de la reforma: bajar la presión fiscal. Así, en 2019 la tendencia de reducción del peso de los impuestos que se venía verificando cambiará de sentido. Los impuestos distorsivos nacionales volverán a crecer y la presión tributaria será superior, incluso, a la que tuvo el kirchnerismo cuando entregó el poder en 2015.

Un año más pesado. La cuestión sobre la evolución de la Ley de Reforma Tributaria, su incidencia sobre la presión fiscal, los escenarios a partir de esto y su impacto en las finanzas de la Provincia fueron motivo de un debate organizado por la Unión Industrial de Córdoba. En ese marco, el economista jefe del Ieral de la Fundación Mediterránea, Marcelo Capello, expuso varios números al respecto y diseñó incluso el escenario estimativo de la presión tributaria para 2019. Según se destacó, la presión tributaria del Gobierno nacional venía cayendo en los tres primeros años de Macri. Desde un 25,8% del PIB en 2015, a 23,7% en 2018 (de a septiembre). Es decir, una caída de casi dos puntos porcentuales del PIB. En la misma línea, si se consideran los tres niveles de gobierno (Nación, Provincia y Municipalidad), la presión tributaria cayó desde un 33,8% del PIB en 2015 a 31,9% en 2018. Sin embargo, con las modificaciones diseñadas por el Gobierno para el año que viene todo cambia. Se estima que la presión tributaria solo del Estado nacional será del 26,2% en 2019, inclusive superior a la de 2015 (+0,4pp).

Vuelven los distorsivos. Gran de este retroceso se debe a la decisión de no eliminar algunos tributos o de mantener o subir impuestos distorsivos como las retenciones a las exportaciones. Según las estimaciones del Ieral, el conjunto de impuestos distorsivos subirá de un 5,9% del PIB en 2018 a 7,5%. Así, se caerá en un retroceso de la presión fiscal de casi una década, cuando en 2009 los impuestos distorsivos tenían ese peso referencial. En tanto, si se contempla un combo de impuestos distorsivos nacionales y provinciales se retrocede hasta el nivel que tenían en 2015. Para el caso de las retenciones, por ejemplo, la presión tributaria será similar a la que ejercían en el bienio 2011-2012.

En concreto, la presión tributaria aumentará en 2019 o no bajará como se había prometido en el caso de: derechos a la exportación; por el no ajuste por inflación de balances para Ganancias; por aumento de Bienes Personales; por postergación de toma a cuenta de Impuesto al Cheque en el impuesto a Ganancias y porque se pospone un año el cronograma establecido para la reducción del Impuesto a los Sellos.

Crítica industrial. Para Marcelo Almedros, presidente del Departamento de Política Tributaria de la Unión Industrial de Córdoba, el Gobierno no quiso o no pudo encarar la reforma y trata de cargar la responsabilidad por los cambios no realizados en la dura coyuntura externa. “El Gobierno se escuda en la coyuntura internacional, uno puede explicar parte por eso, pero creo que gran parte de esto es por una crisis local. Esto ha llevado a que el Gobierno de forma premeditada demore estas implementaciones y demore la reglamentación de determinados puntos. Cambia las reglas de juego, en definitiva, estábamos tratando de tener instituciones serias y lo que se prometió ahora no se cumple”, señaló el referente de la UIC. Para el ejecutivo, el caso de los Bienes Personales es el más paradigmático de la reforma inconclusa: “ese impuesto que tenía sentencia de muerte y ahora parece que es un pilar fundamental y tiene una expectativa de recaudación alta. Hay una realidad extraordinaria, estamos en emergencia, eso no lo duda nadie. Si la crisis pasa o no, es lo que va a definir si la reforma va a ser aplicada o no”.

Impacto en provincias. Sobre la evolución que ha tenido la Reforma Tributaria y un escenario de mayor presión, el ministro de Finanzas Osvaldo Giordano señaló: “Lamentablemente de la Reforma Tributaria muchas cosas se han suspendido o directamente revertido, con lo cual va a demorar más el proceso de ordenamiento del sistema tributario. En ese marco, la reducción más importante que se mantuvo es la de Ingresos Brutos, un cronograma particularmente ambicioso dado un contexto que en el mejor de los casos será de recesión moderada. Para la Provincia esa reducción es de más de $6.000 millones”. Para el funcionario, la justificación de la mayor presión es el escenario de emergencia en el que está el país.

Así, apuntó: “se apela a instrumentos que en condiciones normales son censurables, pero como estamos en emergencia tienen cierta legitimidad. Ojalá sirva para salir rápido y volvamos a pensar en organizarnos mejor para hacer las reformas de fondo”. “El Gobierno va en dirección correcta con el plan doble cero (fiscal y monetario), pero debe seguir trabajando para mejorar la calidad del ajuste fiscal (bajando Retenciones y otros impuestos, recuperando gasto de capital, reduciendo el gasto corriente), y seguir mejorando la competitividad estructural de la economía, para que cuando el tipo de cambio se aprecie en alguna medida, se evite el tipo de cambio bajo, y se cuente con competitividad sobre bases más duraderas”, completa el informe del Ieral.

Recaudación: Provincia esperaba una peor caída  El mes pasado ingresaron a las arcas de la Provincia 13.643 millones. Si se descuenta la inflación, el dato explica una caída en la recaudación del 7,5% en comparación con el mismo mes del año pasado. Para el ministro Giordano, el dato si bien es negativo, no es tan malo como esperaban: “Con este escenario económico yo hubiese pensado que la recaudación iba a estar peor. Creo que están rindiendo fruto los cambios para un mayor control, no digo que sea simple y fácil, pero esperaba una caída peor porque la parálisis que generan las de interés es muy dura”.

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